EL DIRECTO
La realización del ejercicio titulado como “La deriva” trajo muchas observaciones interesantes sobre el espacio de cada uno, como del vivo, y de la entrega a ese azar al que nos expusimos durante la tarde del martes pasado. Creo que hay algo interesante al poner en comparación el antes con el después de dicho ejercicio. Recuerdo que antes de unirme a la videollamada estaba nerviosa, por no saber qué es lo que iba a pasar, cómo iba a salir lo planeado, si la batería del dispositivo iba a ser la suficiente, etc. Pero luego, al comenzar la llamada, eso desapareció y pude entrar por completo al desafío planteado.
Puedo pensar en dos cosas opuestas, pero que a la vez son complementarias y no dejan de tener sentido. Por un lado, hay algo que me ocurrió en lo personal que tiene que ver con re-descubrir ese espacio elegido y visto varias veces. Apareció una lectura más profunda del lugar, a partir de consignas tales como buscar planos detalles, o mismo elegir un encuadre durante cierta cantidad de tiempo. El posar la mirada durante tanto tiempo en algo, incluso ya conocido, pone en juego un cambio de percepción sobre el mismo. Pero paradójicamente, más allá de estar súper inmersa en el espacio, el hecho de estar conectada viendo otros espacios y otros movimientos por los mismo a la vez, hizo que yo, por lo menos, y aunque suene un poco fantasioso, me sienta como sustraída de mi propio espacio, para empezar a habitar todos. Lo que quiero decir con esto, es que casi durante la totalidad del tiempo, el descubrir mi espacio, y el estar en otros, hicieron que me olvidara de que estaba a cuadras de mi casa, rodeada de otras personas, en una clase para la universidad, transmitiendo. Salté, corrí, giré y en ningún momento tuve en cuenta la mirada de la gente a mi alrededor, o el qué dirán, ni incluso estuve atenta al paso del tiempo, revisando mi reloj. Creo que tener esto en cuenta puede ser interesante para seguir profundizando y pensado.
LA DERIVA
TP 1: transmisión final